Investigadores de la Universidad de Córdoba revisan los 98 alelos del gen GLU-B1 descritos en el trigo y concluyen que la variabilidad estaba sobreestimada. El material, procedente de 33 países, queda disponible para los programas de mejora.
Un equipo del Departamento de Genética de la
Universidad de Córdoba (UCO) ha revisado el catálogo de versiones del gen GLU-B1 del trigo, implicado en la calidad del gluten, y ha puesto a disposición de la comunidad investigadora una colección de trigos que representa su variabilidad real.
El gluten es la red de proteínas que hace que el pan tenga miga esponjosa, que la masa de pizza se estire y que la pasta no se deshaga al cocer. Parte de esas proteínas son las gluteninas, estudiadas desde hace décadas por quienes trabajan en la mejora genética del trigo.
Menos variantes de las registradas
En más de 40 años, la comunidad científica ha identificado numerosas variantes (alelos) del gen GLU-B1, hasta 98 recogidas en el Catálogo de Genes del Trigo. Según explica el investigador Francisco Andrade, la comparación entre todas ellas muestra que «esa variabilidad estaba sobreestimada y que muchos de los alelos estaban duplicados o triplicados». De los 98 registrados, la variabilidad real se sitúa en menos de la mitad.
Para comprobarlo, el equipo rastreó la literatura científica, contactó con bancos de germoplasma de todo el mundo y reunió trigos originarios de 33 países, entre ellos Nepal, Etiopía y México. El resultado es un conjunto representativo de trigos, con sus alelos identificados y sin duplicar, disponible para los programas de mejora.
Una herramienta para los mejoradores
El investigador Carlos Guzmán señala que los equipos que estudien las distintas versiones de este gen podrán acudir a un banco de germoplasma donde estará recogido el material genético que representa esa variabilidad, con todos los trigos disponibles a la vez.
El mismo grupo realizó antes un trabajo similar con el gen GLU-A1, también implicado en las gluteninas. Aquel estudio permitió poner en valor una variante poco frecuente que mejora la calidad de panificación y aumenta el contenido de proteína del grano, y sirvió de base para desarrollar marcadores moleculares que facilitan la mejora del trigo. Ambos trabajos se enmarcan en el proyecto Hardiwheat, liderado por Carlos Guzmán, cuyo objetivo es identificar y validar la variabilidad genética y ponerla a disposición de programas de mejora orientados a trigos más productivos y de mayor calidad.
Los resultados se han publicado en el Journal of Cereal Science y en Scientific Reports.