Una investigación de la Universidad de Córdoba adscrita al ceiA3 revisa las notificaciones del sistema europeo de alerta rápida entre 2020 y 2024: las aflatoxinas concentran el 84% de los avisos y los frutos secos, más de la mitad de los productos afectados.
Un grupo de investigación de la
Universidad de Córdoba, adscrito al Campus de Excelencia Internacional Agroalimentario (ceiA3), ha analizado 2.479 notificaciones del Sistema de Alerta Rápida para Alimentos y Piensos de la Unión Europea (iRASFF) registradas entre 2020 y 2024. El trabajo, publicado en la revista Toxins, estudia las micotoxinas, sustancias tóxicas que producen de forma natural hongos de los géneros Aspergillus, Penicillium y Fusarium y que pueden contaminar cultivos y alimentos sin ser visibles a simple vista.
Las aflatoxinas, el principal riesgo detectado
Según los resultados del estudio, las aflatoxinas son el peligro más detectado: suman el 84% de las notificaciones europeas, con 2.076 casos, y la aflatoxina B1 encabeza las incidencias. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer clasifica estas sustancias como carcinógenos del Grupo 1 por su capacidad de inducir carcinoma hepatocelular en humanos.
La ocratoxina A ocupa el segundo lugar, con el 15% de los avisos (361 casos), y pasó de 44 notificaciones en 2020 a 117 en 2024. Se trata de una sustancia nefrotóxica considerada posible carcinógeno humano.
Frutos secos y hortalizas, los productos más afectados
Por tipo de producto, los frutos secos, sus derivados y las semillas concentran el 54% de las incidencias; las frutas y hortalizas, el 23%, y los cereales, el 10%. El estudio distingue además entre los productos para consumo humano directo, con 2.385 notificaciones, y los piensos para alimentación animal, con 94, un 4% del total. Los autores advierten de que esa menor cifra en piensos no implica ausencia de riesgo, porque el consumo de alimento animal contaminado puede transferir toxinas a los alimentos de origen humano.
El análisis constata un máximo en 2024, con 663 notificaciones, aunque el estudio estadístico del periodo 2012-2024 no confirma una tendencia lineal de aumento en el conjunto de alertas.
Enfoque «Una Salud»
Los investigadores concluyen que el control de las micotoxinas requiere un enfoque integral de «Una Salud» (One Health) que vincule la sanidad ambiental, agrícola y animal con la protección del consumidor, combinando buenas prácticas agrícolas y de almacenamiento con controles fronterizos.
El trabajo está firmado por Sandra Juárez-García, Ana Isabel Fernández-Díez, Rafael Mora-Medina, Nahúm Ayala-Soldado, Antonio Lora-Benitez, Rosario Moyano-Salvago y Ana María Molina-López.